EL
CAPITÁN
TRUENO
Y EL SANTO GRIAL |
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Capitán Trueno película acusa un importante lastre y es que va a ser comparada con las actuales lujosas producciones USA que no escatiman medios para adaptar al celuloide las peripecias de sus superhéroes paisanos. Semejante carga sólo puede sobrellevarse enfrentando el reto con elevadas dosis de imaginación, una puesta en escena que sortee las limitaciones presupuestarias, y un elenco interpretativo que supla, con su buen hacer y la cercanía al espectador patrio, la ausencia de artificios y demás pirotecnia digital. Estas cualidades son las que, en mi opinión, faltan, junto a un guión, firmado por Pau Vergara, previsible, que bebe de las fuentes anteriormente mencionadas pero no aporta nada novedoso al conocido film de aventuras, cuya dirección le ha caído en gracia a Antonio Hernández, un director todo-terreno que ha facturado una película discreta, simplemente correcta, pero que carece del punch suficiente para batirse el cobre con la amplia producción aventurera de allende los mares. Un resultado, como digo, sólo aseado, que los incondicionales y ávidos degustadores de serie B apreciaremos si disculpamos las muchas limitaciones de la película. El resultado interpretativo no es, como decía, afortunado, empezando por la pareja protagonista , por un lado, el Capitán Trueno, a quien da vida Sergio Peris-Mencheta, es un personaje desdibujado, valga el contraste con su personaje original, al que una trama dispersa no le otorga la profundidad ni aura heroica que su personaje merece; en un momento de la trama, cuando Morgano, el custodio del Grial, le revela a Trueno la tarea a la que está encomendado, este parece rehuir su responsabilidad y le repica que sólo es un soldado . Por otro lado, la química con su pareja femenina, la princesa nórdica Sigrid (Natasha Yarovenko), no se atisba en pantalla, incapaces de transmitir esa necesaria complicidad, no hay pulsión erótica alguna. La nómina de secundarios peca de parecida apatía, empezando por la pareja de compañeros de fatigas, esos personajes vitales que deberían ser, el fiel y joven escudero Crispín (Adrián Lamana) o el bruto amigo Goliath (Manuel Martínez), aparecen triviales, incapaces de dar la justa réplica a las andanzas del héroe o amortiguando los momentos de tensión con toques cómicos, aquí carentes de finura, o restando protagonismo a la pareja protagonista con alguna escena de lustre como en toda peli de género que se precie, aquí inexistentes. Del resto nada salvable a no ser por el recurrente y siempre efectivo Gary Piquer, que da vida al antagonista Sir Black. Ni que decir tiene de la maligna maga Ariadna (Jennifer Rope) y su troupe de ‘azafatas’, que invitan más al chascarrillo o al ridículo. Y es que da la impresión de que todo en el metraje está resuelto con una justeza, una apatía que hace resentir al conjunto. Un guión plano; una puesta en escena timorata que en las secuencias de asalto se resuelve con planos cortos y montaje rápido que restan espontaneidad y frescura a la secuencia. El director parece querer resolver el encargo de la forma más discreta posible, incluso urgente, no hay atisbo de magia ni épica alguna. Así, tras las vistosas secuencias iniciales durante Las Cruzadas y la llegada de Trueno y su ejército a España, planteada la aventura, el ritmo de la peli va perdiendo fuelle, se estanca y languidece y no basta el desenlace con la excesivamente larga escena final del ataque al castillo enemigo para recuperar el ritmo. Da la impresión que al cine español se le atraganta el género aventurero de base histórica. Salvando las distancias y referentes, parecida y plana sensación me dejó Alatriste (Agustín Díaz Yanes, 2006); en cambio, del menospreciado José Luis Garci, su Sangre de Mayo (2008) transmitió vigor, épica y atinada resolución de algunas escenas de acción. En estos últimos casos, el referente más literario (Pérez Reverte y Galdós, respectivamente) hubiera justificado más una desigual traslación fílmica. El referente que nos ocupa hubiera merecido mayor libertad, la imaginación que se desplegaba en el referente animado, pero apenas se apuntan maneras. Al final, ese último diálogo de Crispín con su lugareña enamorada: ‘¿Me creerías si te dijera que volveré? No, pero me gustaría que me lo dijeras’, o ese cierre tan pulp con la despedida en el globo aerostático, y, sobre todo, el nostálgico tema de Asfalto sobre las viñetas y el ‘continuará…’, nos hace depositar ciertas esperanzas en nuevas aventuras de la serie. Calificación: 5 (de 10) David Link, octubre de 2011
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